martes, 24 de julio de 2018

"EN LA UNIÓN EUROPEA EL HORNO NO ESTA PARA BOLLOS"



"EN LA UNIÓN EUROPEA EL HORNO NO ESTA
PARA BOLLOS"

Nuestra unión europea tiene varios frentes abiertos de gran transcendencia: emigración masiva; populismos trasnochados; nacionalismos separatistas, etc. Y ahora se suma uno más como es la resolución dada por las autoridades judiciales de Alemania y Bélgica, países miembros de la U.E. a otro miembro como es España, en lo relativo a la respuesta transmitida  al magistrado del Tribunal Supremo, D. Pablo Llarena, sobre la solicitud de las euro órdenes cursadas por éste en su día.

Si una euro orden es sencillamente un instrumento, regulado en el marco de la U.E. sobre colaboración judicial que se hace a través de una determinada autoridad judicial, entre los Estados miembros de la UE, pidiendo que se realice una detención y entrega de una o varias personas con el objeto de poder  procesarlas  o para que cumplan una condena, ¿por qué en este caso  se ha quebrantado, dando un mal y resbaladizo precedente al hacer caso omiso a la jurisprudencia  del mismo Tribunal de Justicia de la U.E.?

¿Cuál es la función de las autoridades judiciales de los Estados miembros de la U.E. cuando reciben una solicitud  de euro orden? Pues, según las normas comunitarias que lo regulan consiste en “limitarse a realizar un análisis de los hechos detallados que contempla la euro orden”, y no, como han hecho las mentadas autoridades judiciales, rebasando la demarcación y arrogándose funciones de enjuiciamiento de  los hechos indagados que se han producido en España; entrometiéndose en las competencias judiciales que son únicamente competencia del Tribunal Supremo español.    

¿Qué pasará de ahora en adelante cuando las autoridades judiciales alemana y belga presenten euro órdenes a España? ¿Vamos aplicar sus mismos criterios?

El  objetivo de la justicia, es que se aplique la norma a las circunstancias singulares del caso en concreto para que se logre conseguir una verdadera justicia y no una injusticia.

El ciudadano comunitario de a pie piensa que si la Unión Europea trata de hacer realidad su “sueño”  en edificar un Estado Supranacional , tiene que hacerlo con unos cimientos sólidos y homogéneos que se sustenten en  un estrato firme y duradero, y no sobre cimientos de arenas movedizas. Pues de lo contario, estaremos ante una utopía.
Julio 2018
José Carrasco y Ferrando
Abogado-Criminólogo



jueves, 19 de enero de 2017






LA INVESTIGACIÓN CRIMINAL Y SUS GARANTÍAS CONSTITUCIONALES


En la Carta Magna española de 1978 es cuando se promulgan las normas constitucionales de garantías  jurídicas para la utilización técnico-científica en el  desarrollo de la investigación de los delitos.

Veamos dos preceptos fundamentales a tener muy presentes:

En el Capítulo Segundo, Derechos y Libertades, Sección 1ª, relativo a los derechos fundamentales y de las libertades públicas, en su artículo 17, Aptdo. 3, habla sobre las garantías del detenido. “Toda persona detenida debe ser informada de forma inmediata, de modo que sea comprensible, de sus derechos y de las razones de su detención, no pudiendo ser obligada a declarar. Se garantiza la asistencia de abogado al detenido en las diligencias policiales y judiciales, en los términos que la ley establezca”. (L.O.14/1983, de 12 de diciembre, de desarrollo del mentado artículo).

Y el  artículo 24, Aptdo. 1 y 2, del mismo Capítulo. El primer Aptdo., se refiere al Derecho de acción, o sea, “Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que, en ningún caso pueda producirse indefensión”. Y el segundo apartado se refiere a las Garantías procesales contenidas en el siguiente texto: “Asimismo, todos tienen derecho al Juez ordinario predeterminado por la ley, a la defensa y a la asistencia de abogado, a ser informados de la acusación formulada contra ellos, a un proceso público sin dilaciones indebidas  con todas las garantías, a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa, a no declarar contra si mismos, a no confesarse culpables y a la presunción de inocencia”.

“La ley regulará los casos en que, por su razón de parentesco o de secreto profesional, no se estará obligado a declarar sobre hechos presuntamente delictivos”.

Como hemos visto el derecho a la asistencia del abogado se contempla en el  art. 17.3 CE donde se establece la garantía del derecho de libertad, mientras que el del art. 24.2 CE lo hace en el marco de la tutela judicial segura dándole la consideración de  garantía al proceso. (STC 252 del 19.09.1994; STS 7372, del 30.09.1998).  


 ¿Qué supone la asistencia letrada al detenido o preso en las diligencias policiales y judiciales? El Abogado es el garante de la legalidad de la declaración  e identificación en las diligencias policiales. Teniendo la finalidad de asegurar, con su presencia que los derechos constitucionales del detenido sean respetados, que no sufra coacción o trato disconforme con su dignidad y libertad en su declaración, y además tendrá el asesoramiento profesional sobre el comportamiento  en los interrogatorios, pudiendo guardar silencio, así como a comprobar la veracidad  de lo transcrito en el acta de su declaración antes de firmarla. (STC 341/ 18.11.1993; STC 21/ 19.2.1997).

Respecto a la manifestación constitucional sobre el secreto profesional del mentado art. 24 de la CE, la entrevista del detenido con el Abogado es confidencial y no puede ser objeto de intromisión sin previa autorización judicial. (STC 183/ 20.06.1994). Y  como no podía ser de otra manera, también lo aborda el Estatuto General de la Abogacía en su Código Deontológico sobre dicho secreto profesional, el cual no solo protege las manifestaciones de nuestros defendidos, sino también las conversaciones habidas entre los abogados y sus clientes. En Sentencia del Tribunal Supremo, de 16.12.2003, dice “… el derecho y obligación fundamental y primordial del abogado le obliga a guardar secreto de cualquier información confidencial de la que tenga conocimiento en el marco de su actividad profesional…”

¿Qué es estar imputado? Según la Ley de Enjuiciamiento Criminal (LECriminal), es la condición en que se encuentra una persona afectada por una investigación penal considerada como sospechosa de un delito. ¿Significa esa situación que la persona es acusada de un delito? Tajantemente no, pues el “imputado”, en esa fase, no está procesado ni se le considera culpable. Dicha Ley procesal utiliza la condición de imputado en los procedimientos para que el Juez indague por si existen causas para mantener una acusación en el caso de existir un presunto delito. Si por ejemplo, se abre la Fase Procesal de Instrucción incoando unas Diligencias previas en  un procedimiento abreviado, aquí el Juez solo informa al imputado, investigado, sobre los hechos que se le imputan; mientras que si se inicia un procedimiento ordinario ya estamos ante el término del llamado “procesado”, que es una figura muy distinta al imputado. Y únicamente es a partir de la etapa de la preparación del Juicio y Vista oral  cuando ya se utiliza concretamente la denominación de “acusado”.

No obstante, tanto el imputado (investigado) como el procesado, mientras no haya una sentencia judicial, están protegidos por unas garantías procesales, entre ellas, la de la  presunción de inocencia que recoge la norma constitucional antes mencionada. Lamentablemente estamos “acostumbrados” a ver casos aventados de personas imputadas a través de juicios políticos mediáticos en los que ya la masa social los condena por los  medios de difusión social; son grupos y personajes públicos o no, que una vez finalizada la fase de investigación judicial, no son procesados por no existir el presunto delito que se les investigaba, vulnerando con esa conducta la garantía constitucional de la presunción de inocencia, mancillando además, su imagen y honor  que están contemplados en los derechos fundamentales y libertades públicas de  la CE.

A 18 de enero de 2017

Dr. José Carrasco y Ferrando
Abogado-Criminólogo




viernes, 23 de diciembre de 2016




¿CUÁL ES LA DIFERENCIA  ENTRE CRIMINOLOGÍA Y  CRIMINALÍSTICA?

La Criminología y la Criminalística  están de moda en las series televisivas y despiertan un gran interés en los televidentes pero, al mismo tiempo, confunden a los profanos en la materia de  los diferentes ámbitos de trabajo de cada una de ellas. Por lo tanto, voy a tratar de exponer, lo más sencillamente posible, el cometido de cada una de éstas ciencias.

Así como la Criminología existe desde que se conoce el crimen, y ha sido observada y estudiada desde tiempos remotos, es en Europa donde alcanza el nivel científico de la mano de sus precursores: César Lombrosso, Rafael Garófalo y Enrico Ferri, siglos XVII y XVIII.   Alcanzando la categoría de ciencia empírica, sólo a través de una larga evolución de  disputas entre varias escuelas. Por ser una disciplina autónoma y, por su naturaleza multidisciplinaria, estudia el fenómeno del crimen, así como, a la víctima, al delincuente y el control social; todo ello, siguiendo un modelo vinculado a las disciplinas jurídicas e instituciones del Derecho. Además integra y coordina otras ciencias que le sirven de apoyo especializado como: la Antropología Criminal, la Sociología Criminal, la Biología Criminal, la Psicología Criminal, la Psiquiatría Criminal, etc. Los criminólogos, que trabajan en estas actividades generalmente, son los que tienen contacto con los delincuentes, las víctimas y el control social objeto de su estudio.

Sin embargo, en el esquema norteamericano, carente de las relevantes discrepancias científicas que hubo en Europa, la  Criminología, desde sus inicios,  se basó en el método científico e interdisciplinario instituyéndose entre las ciencias sociales y sociológicas, totalmente desvinculadas de las disciplinas jurídicas. La misma engloba en su campo todo lo relacionado con el hecho delictivo y su autor, y por lo tanto incluyendo también a la Criminalística, no siendo así en Europa.

La Criminalística es creada posteriormente por el austríaco Hans Gross,  penalista y criminólogo siendo además su impulsor. En 1893 publicó su primer tratado sobre esta ciencia bajo el nombre: “Manual del Juez Instructor como sistema de Criminalística”, definiéndola como la ciencia práctica del crimen. Y es a partir de 1930 cuando se comienza a considerarla de manera formal.

La Criminalística únicamente investiga determinados hechos delictivos para tratar de atribuirlo a sus autores. Por lo tanto, no se centra en realizar ningún tipo de atenciones sobre la personalidad y circunstancias, de índole endógenas como exógenas, relativas al delincuente, que le hayan podido incitar en la comisión de un delito, ya que éste ámbito atañe a los criminólogos, psicólogos, psiquiatras y  forenses, y serán los jueces los que apreciarán los elementos aportados por dichos profesionales.

La Criminalística, como ciencia, comprende una serie de labores de análisis y estudios  efectuados en el laboratorio, con el fin de investigar, verificar y valorar científicamente las pruebas y elevarlas en un informe policial. Ésta estudia metódicamente los rastros e indicios del delito abandonados por el criminal,  a través de técnicas médicas, físicas, biológicas, etc. para comprobar las sospechas objetivas de un determinado hecho delictivo y poder encontrar al culpable. La testificación como prueba, según ha demostrado la Psicología, no es fiable por lo que se le da más credibilidad a las pruebas indiciales  a través de medios científicos.

Suelen manejarse conceptos que pueden desembocar en confusiones como: Policía Judicial, Técnica Policial y Policía Científica.

La Policía Judicial tiene por objeto averiguar los delitos públicos que se cometen; practicar las diligencias necesarias para comprobarlos y descubrir a los delincuentes, así como acumular  todos los efectos, instrumentos y pruebas del delito, poniéndolos  a disposición de la Autoridad judicial. Además, son auxiliares de los Jueces y Tribunales en materia penal y del Ministerio Público, estando obligados a seguir las instrucciones que de ellos reciban a efectos de investigación de los delitos.

Por Técnica policial, entendemos al conjunto de medios y procedimientos científicos encaminados a la prevención y  represión de la transgresión, en base a la investigación efectuada, que permite el descubrimiento de los delitos como de las faltas (delitos menores).

Mientras que, la Policía científica, como exponente de la Criminalística, es únicamente represiva al ceñirse a una serie de principios y fundamentos científicos sobre la investigación del delito y  poder identificar al culpable. Los policías que trabajan en estas actividades generalmente nunca tienen contacto con los delincuentes objeto de su estudio; y desconocen quienes son.

La Criminalística utiliza en la investigación personal, diversas disciplinas clínicas o prácticas dentro del campo de la investigación criminal como por ejemplo: El ADN  (Ácido desoxirribonucleico): que es uno de los grandes logros en la investigación criminalística moderna por su información genética, siendo esencial en la  medicina forense, para la investigación de los  delitos e identificación de los autores, detenidos, sospechosos, imputados (ahora investigados), personas desaparecidas y  cadáveres, mediante muestras biológicas. La Dactiloscopia: disciplina que estudia las huellas digitales de la mano. La Poroscopia: estudia  los poros en los dactilogramas. La Balística forense: experimenta el movimiento y comportamiento de los proyectiles de armas utilizadas en el crimen. La Pelmatoscopia: reconocimiento de los dedos y plantas de los pies. El Polígrafo: instrumento científico que se utiliza para detectar mentiras. La Grafología: se dedica a reconocer, mediante la escritura,  la identidad y personalidad de un individuo. La Tanatología: estudia todas las formas relacionadas con la muerte y los procesos de enfriamiento cadavérico y putrefacción. Técnicas de rayos ultravioleta, infrarrojos, laser. La Informática forense, etc. Podemos decir que, el ADN junto con la Balística son el “Santo Grial” de las pruebas más relevantes.

Por lo expuesto, la Criminalística es una ciencia independiente  pluridisciplinaria que abarca todas aquellas ciencias y técnicas que sean aplicables, por medios legales, para la comprobación del delito y la imputación del mismo a los culpables.
Dr. José Carrasco y Ferrando

Abogado-Criminólogo

sábado, 18 de junio de 2016



EL DELITO VIVE OCULTO

No tenemos ninguna duda de que el delito es muy costoso para la sociedad en general. Son muy numerosas las personas que consagran su vida profesional en prevenir y aplicar la Ley: jueces, fiscales, abogados, criminólogos, detectives, policías en general y guardia civil. Y otras,  se ocupan de que la pena recaída se lleve a efecto: funcionarios de prisiones.

Los educadores finalizan su trabajo docente sin poder garantizar el producto final de su dedicación y sacrificio. Por tanto, nos preguntamos ¿cuántos delincuentes son la expresión de una familia sin valores, enemistada, irresponsable, ó de una educación escolar precaria?

La Criminología aportará al educador detalles, documentación para saber si su actividad pedagógica ha tenido fallos importantes en la formación del joven, que posteriormente  más tarde ha sucumbido en la delincuencia.

La opinión pública está formada por la prensa, la televisión, la radio, el cine y otros diversos medios de comunicación social. La ridiculización que, en la mayoría de los casos, se hace por falta de un fundamento científico, del fenómeno criminal, distorsiona la realidad de un hecho trascendental que  repercute en toda la sociedad.

Sin duda, todos podemos haber sido o ser actores en la travesura o diversión, participando activamente en numerosos actos delictivos, denunciados u ocultos. En base al hecho de que otros ciudadanos respetuosos de la ley, no procesados ni condenados, hayan  tenido una conducta reverente eludiendo la violación de una ley penal en el curso de su vida y, sería  arriesgado poder hablar del aspecto cuantitativo del delito. Sutherland, por ejemplo, dice: “alumnos de colegio, con raras excepciones, sin duda debida a una mala memoria y educación, presentan en término medio una serie de hurtos durante  sus vidas”.

Este fenómeno de la delincuencia podemos haberlo padecido o sufrido como víctimas, pero sin entrar en contacto con la esencia del delito. Tratamos de aproximarnos a él por vías irreales e inseguras: las películas, la prensa “amarilla”, sensacionalista, la novela, etc.; pero también se nos brinda esta manifestación del delito en hechos reales concretos a través de la series televisivas.

Es obvio que el delito vive oculto y  estamos comprometidos a reconstruirlo con cualquier clase de manifestación fragmentaria que podamos conseguir. Desde que nos acercamos a contemplar el delito, a través de personas o medios noticieros, que nos ofrecen únicamente  emociones y morbo, satisfaciendo nuestros deseos, pero ocultando el verdadero conocimiento incómodo del mismo, el espectador queda impactado y desorientado. La realidad acusatoria procesal, personal o social, es mantenida fuera del alcance de nuestro discernimiento. Se construye, a veces, una leyenda del delito basada en unas disertaciones “paralelas”, si rigor profesional y científico. Y este panorama imaginario distorsionante invade nuestra literatura, y otros medios de difusión social.

En esencia, la Criminología nos muestra la lucha perenne entre las disposiciones humanas variables y las situaciones sociales en constante cambio, y el desenlace de esta colisión es la formación  de la buena conducta, de las posiciones neutrales o de la conducta rebelde. Y también enseña que el Derecho puede salir triunfante y el error ser un negocio que da pérdida, pero solo mediante el esfuerzo inteligente de investigación, interpretación y conocimiento aplicado.

Como juristas debemos ser defensores a ultranza de la justicia, dondequiera que nos encontremos, y sea cual fuere el campo de nuestra especialización, estamos obligados a que esa equidad impere con nuestro ejemplo como ciudadanos, y en el caso que ese equilibrio de derechos y deberes se quiebre, debemos ser conscientes y tajantes en tratar de restablecerlo para beneficio de nuestra propia sociedad.

En el mes de junio de 2016
Dr. José Carrasco y Ferrando
Abogado Criminólogo


jueves, 9 de junio de 2016



                                    LA NECESIDAD DE LA CRIMINOLOGÍA

 Así como la medicina puede ser definida como una suma de métodos, de puntos de vista y de conocimientos conjugados para la lucha contra la enfermedad, la Criminología es un conjunto análogo para la lucha contra el malestar social que se llama criminalidad.

Saber si se debe, en esa óptica, considerar la Criminología como una ciencia distinta o no, se crea una simple querella de palabras. Lo que sí es cierto es que la cooperación entre los adeptos de las ciencias constitutivas se impone, y que los progresos realizados en estas ciencias fundamentales y en la Criminología están estrechamente relacionados.

Una concepción demasiado estrecha está en el origen de las discusiones de la naturaleza científica de la Criminología. El profesor Ellenberger señala que existe, al lado de las ciencias de lo general (física, matemáticas, etc.), ciencias cuyo objeto consiste en hechos particulares, pero que no son estrictamente únicos e individuales. Así, la Criminología figura en el grupo de las ciencias complejas, al lado de la medicina. Estas ciencias se distinguen de las otras por las  siguientes características:

Se sitúan en una encrucijada de ciencias con las cuales no se confunden, pero de las cuales son solidarias. La medicina se apoya en la anatomía, la fisiología, la física, la química, la biología, etc

Estas ramas no sabrían ser puramente teóricas; no tienen sentido sino por su aplicación práctica. La medicina encuentra su razón de ser en la terapéutica y la higiene pública; la Criminología en la reforma penal, la penología, la rehabilitación y  la profilaxis.

Estas especialidades no son únicamente de lo general, ni solamente de lo particular, sino que están en un vaivén entre lo general y particular. Es este movimiento de oscilación, como hemos dicho, lo que define la clínica: en efecto, en su origen la medicina practicada y aprendida en la cama del enfermo, más bien que en las aulas de la facultad o del laboratorio. El clínico hace observaciones en la cama del paciente, las elabora en forma de teoría o de hipótesis sometida a la experimentación. Hay pues, en la Criminología aplicada como en medicina, aplicación científica duplicada de una relación de persona a persona entre el clínico y el paciente.

Dichas singularidades no solamente trabajan en conceptos científicos, sino también en conceptos que expresan juicios de valor. La medicina se basa sobre tres nociones: salud, enfermedad y curación, que son imposibles de definir científicamente. En cuanto a la Criminología, se apoya sobre nociones que expresan juicios de valor: lo justo, lo injusto, la responsabilidad, el crimen y el castigo.

Las mentadas ciencias se caracterizan por una finalidad ética autónoma. El juramento de Hipócrates prescribe a los médicos “primum non nocere”: ante todo no dañar, sino curar, aliviar, consolar. En Criminología, siguiendo el principio de Becaria establece: “si es preciso castigar, aplicar el mínimo eficaz de las penas y asociar la reeducación a la pena, tratar médicamente al criminal cuando se trata de un  enfermo; en fin, prevenir el crimen antes que castigarlo”
Junio de 2016

José Carrasco y Ferrando es Abogado y Doctor en Criminología

lunes, 6 de junio de 2016





LA ÉTICA NO BASTA CON PRONUNCIARLA O ESCRIBIRLA, ES NECESARIO PRACTICARLA

No cabe duda de que la falta de ética es un tema de actualidad. Basta con oír o ver  las noticias, en todos los medios de difusión social, o sencillamente, escuchar una conversación  en la calle para comprobar la ausencia de aliento ético en la  práctica social, especialmente en aquellos que detentan responsabilidades en el ámbito político, sindical, empresarial, etc., siendo un fenómeno alarmante en las actuales sociedades. Considerando que sin una suficiente valentía moral el desarrollo de configuración de la vida comunitaria se debate agónicamente en un estado, por una parte, de pragmatismo relativista, y por otra, en un exacerbado egoísmo, desencanto, banalidad, conformismo, rapacidad y soberbia, quedando como bloque de argamasa ante el deterioro progresivo de lo que ahora se llama “bienestar social”.

La naturaleza del concepto de la ética tiene muchas interpretaciones cuando tratamos de llevarla al terreno de la práctica, entendiéndola como la “praxis” moral que ha de proteger a la sociedad de los ataques de que puede ser objeto, en cuanto a conductas y actitudes que conllevan comportamientos concretos, que una vez realizados pueden encardinarse en el ordenamiento jurídico y demás normas sociales, que deberían coincidir con la ética que los infunde.

Pero, ¿Qué es la ética? La ética, como sabemos, no es una ciencia exacta sino que ésta actúa en concretar algo sobre nuestras intuiciones morales o de las teorías éticas previas, para poder  examinar “lo que es correcto”. Y hay una gran posibilidad de formas de pensar en la justicia, la indulgencia, y lo correcto.

Por ejemplo en la justicia nos basamos en la definición más generalizada clásica: “dar a cada uno lo suyo”, o sea, a cada uno lo que le corresponde. Y ésta debe completarse con la equidad, es decir, teniendo en cuenta las circunstancias particulares del caso. Por ello, se asigna al Derecho la función de encauzar,  informar la sociedad, ajustando su desarrollo y actividades a cánones de justicia e incluso  a pautas éticas.

Para vislumbrar lo que es correcto, a menudo se nos presenta el dilema siguiente: que a veces tengamos que decidir entre lo correcto por razones equivocadas o lo erróneo por consideraciones  correctas y al final tomar una opción.

Así que, tenemos un abanico, en lo sistemas éticos, para determinar lo que sería “correcto o erróneo”. Veamos alguno de ellos:

La deontología, en las profesiones, como por ejemplo: médicos, abogados, policía, etc., nos invita a ceñirnos a un taxativo reglamento moral, no admitiendo visos intermedios, aunque deja una cierta posibilidad para considerar determinadas excepciones a la regla establecida.

 El finalismo, se basa en que ningún suceso es correcto o incorrecto, sino que su acertada o equivocada acción dependerá de la intención que conlleva y de las consecuencias que pudieran derivarse. Así, que, su principal falla es que ante cualquier acto  despreciable se trate de justificar invocando a sus consecuencias, o cuando un grupo pisotea los principios establecidos de una persona.

El pensamiento de Manuel Kant sobre el derecho está incluido dentro de su concepción ética. El problema de la moralidad viene planteado en la “Crítica de la razón práctica”, donde comienza a repudiar los sistemas morales existentes, porque todos son finalistas, es decir, porque en todos ellos el hombre obra para conseguir un fin y el obrar así no es un obrar moral. Es preciso que el hombre obre pura y simplemente por respeto a la ley y no por ninguna otra consideración, como puede ser la esperanza en de una recompensa. La idea kantiana del derecho es paralela a la noción de moral y, como ocurre en el orden ético, también hay en el derecho un principio supremo formulado como imperativo categórico, esto es, que obligue de modo absoluto para todos. Kant prefiere fijarse en el testimonio de libertad: la moral debe garantizar  la libertad interna del sujeto, en tanto que el derecho avala la libertad externa.

Las éticas religiosas, como de las instituciones filosóficas, el Budismo, u Órdenes iniciáticas, también tienen sus propias reglas acerca de la ética en el comportamiento de sus componentes.

En las morales tradicionales, como por ejemplo, en la cristiana, los preceptos o imperativos únicamente resultan obligatorios para sus feligreses que aceptan la condición implícita en ellos: se bueno y justo si quieres alcanzar la salvación.

Las de carácter puramente filosófico, contemplan en su pensamiento ético, verbigracia en el budismo,” a no dañar a nadie, que cualquier cosa que cause amargura es mala, mientras que cualquier cosa que la calme es bienhechora”; enseñando, en su cuarta Noble Verdad,  la manera de eliminar las causas del sufrimiento  a través de la conciencia de uno.

Y en las filosóficas-filantrópicas e iniciáticas, como en la masonería, se vislumbra la creencia de un Gran Arquitecto del Universo, como un principio, un símbolo para que cada quien la aproveche a medida de su sentir, de su inteligencia, sin forma ni figura, sin culto y sin adoración. Para que en base a esta idea cada quien pueda armonizarla con la suya propia. Contemplando, dentro de sus principios un código moral para sus miembros, en el que dentro de sus máximas dice: “sé libre y de buenas costumbres; no hagas mal para esperar el bien; no lisonjees a tu hermano; en la senda del honor, de la verdad y de la justicia está la vida; el corazón de los sabios está donde se practica la virtud, y el corazón de los necios, donde se festeja el egoísmo, la vanidad y la adulación, etc.”

Así que, los miembros de las mentadas  instituciones, como otras corrientes similares, deben de ser  muy cuidadosos en el ejercicio de la ética que predican.

La ética de la virtud, enseñada por Confucio y Aristóteles, se basa en que la clemencia humana procede de ejercer las virtudes y abstenerse de los vicios. La honestidad como la perversión son conductas que adquirimos de la familia, de los demás y trasmitimos al seno de la sociedad donde vivimos. Por lo que, si deseamos es poder ver a personas actuando correctamente en un grupo o en una sociedad justa y equitativa, precisamos, primeramente crear un entorno honesto en el hogar, en el trabajo, en las asociaciones que pertenezcamos, en el gobierno, instituciones y demás  círculos sociales.

La ética de la virtud ayuda a que seamos más independientes, sin  que sea inexcusable que otros nos representen, con lo cual evita en lo posible caer en la arbitrariedad. Pero para ello, precisamos poner mucha atención en la educación y la adopción de buenos hábitos para una buena convivencia.

Ahora bien, tenemos que tener muy presente en los aspectos frágiles de la ética de la virtud, por una aparte, por ejemplo, desde el seno de una familia o de un determinado grupo, en no caer, en el nepotismo, en las camarillas y favoritismos afines; y por otra, que la libertad individual no quebrante las bases de los grupos, y que el poder gubernamental, como la autoridad en otras  instituciones, no tengan las poltronas para su mercadeo, pues de lo contrario se prestará muy poca atención a la dignidad y desvirtuará la esencia de la institución que se representa.  

En nuestro mundo occidental, a corto plazo, desde  un punto de vista individual, la corrupción se hace más seductora y divertida que la integridad. Pero, desde una perspectiva social, a largo plazo, una sociedad depravada deviene en una alteración cuantitativa y cualitativa adversa a las relaciones y al bienestar de los ciudadanos; por el contrario una sociedad  que, en su mayoría, cuida una conducta ética mitiga la crispación y permanece eficaz y solidaria.

Lamentablemente en las sociedades dedicadas al culto exacerbado del dinero, el poder y la vanidad, la mayoría de las veces el principio ético se diluye, se cambia su forma propia, por esa conducta social, que trata de sobresalir con el objeto de perpetuar  injusticias del grupo social  que las instaura y éstos hacen parecer éticos los principios que generan su propia actuación, cuando son normas y estilos de comportamiento que emanan de sus propios y exclusivos intereses.

Hemos hablado de las éticas religiosas como filosóficas e iniciáticas, cuando en realidad se basan en meros códigos de conducta. Se transforma sí, la ética en una “obligación”, suponiendo que el concepto de los justo y lo correcto es lo establecido desde fuera por el grupo y la sociedad donde el individuo convive. Y la realidad es que esa imposición normativa de conducta, que debería inspirarse en la genuina ética, sólo tiene su razón de ser en las necesidades de la convivencia, la libertad del ser humano limitada en el mismo derecho de respeto que tienen los demás. Por lo tanto, podemos decir que la ética tiene su origen en el cuidado moral, para actuar y dejar ejercer en conciencia, desde la base de la libertad y consideraron.

Marco Tulio Cicerón, gran jurista y filósofo romano dice en sus  “Oficios “: “Yerran, pues, maliciosamente los hombres corrompidos, cuando asidos de alguna cosa que les parece útil, al punto la separan de lo ético y honesto. De aquí provienen los hurtos, robos, asesinatos, etc.; de aquí la dominación insufrible del demasiado poder. Porque ven los hombres los provechos de las cosas con sus errados juicios, y no ven el castigo, no ya de las leyes que muchas veces quebrantan sino de su propia torpeza y perjuicio a los demás, que aún es más cruel.”

En conclusión, podemos decir que, los que miden todas las cosas por sus propios intereses, sin mirar el daño que puedan causar, y no quieren reconocer lo que prepondera la ética, suelen comparar en sus deliberaciones y actitudes lo ético con lo que juzgan ellos por “útil” a su propio provecho; ¡no así las personas de bien!

Marbella, a seis de mayo de 2016


José Carrasco y Ferrando



viernes, 22 de abril de 2016



LA DAMA CIEGA
La Justicia humana, como bien escaso que es, se trata de una palabra, un concepto cautivador, de un significado que a través del tiempo va cambiando su percepción según se avanza en experiencia y en edad. La Justicia con su balanza simboliza el equilibrio de nuestra vida.

Cuando estudiaba leyes en la universidad pensaba sobre el sentido de la justicia como de un concepto ideal-supremo e inmáculo. Y este significado de la justicia la entendía como aquella que estaba por encima de las personas y de las mismas leyes; algo así de culminante como diría Betham “la justicia no se administra en nombre de nadie”, con lo cual quería decir que era tan soberana que se basta por si sola.

En todas las sociedades, desde la más primitiva, existen disputas, y en todas ellas hay una o varias personas venerables que son los responsables en decidir quién tiene razón y cuál es la pena adecuada para castigar al sujeto que infringe las normas de conducta. Así tenemos que en una de las civilizaciones más antigua, la sumeria, ya tenían un Código rudimentario en el que se contemplaba el concepto de indemnización cuando una persona le producía una lesión corporal a otra. Y mucho más elaborado, completo y evolucionado, hace unos 3.700 años, existía el famoso Código del Rey Hamurabi de Babilonia, el cuál mandó grabar en piedra trescientos artículos y los hizo colocar en el templo del dios Sol con el objeto de “impedir que el fuerte oprima al débil”

La justicia pertenece a ese orden de nociones que todos poseemos pero del que, desde luego, no resulta fácil dar una definición, presentándose una serie de dificultades a la hora de elaborar su concepción científica. Y es por eso que la filosofía jurídica, a lo largo de su historia ha construido tantas disertaciones diferentes sobre la justicia.

El pensamiento griego a Sócrates enlazaba la idea de justicia a la de orden: es injusto cuanto vulnera o desequilibra el orden a que pertenece. Y Platón moralizó su significado al considerarla como un bien superior y una virtud, y tanto él como su discípulo Aristóteles consideraron a la justicia como un ministerio importante del poder político.

Para los juristas romanos, desde un ámbito subjetivo, consideraron la justicia partiendo del “iustum”, de que lo justo era lo que se ceñía al “ius” al derecho, y entendían justa la voluntad de obedecerlo. Y sobre esa conformidad elaboraron el concepto de justicia. Así, Domicio Ulpiano, un fenicio que vivió en Roma en la época del emperador Caracalla, formuló la definición más simple y completa de Justicia: “Dar a cada uno lo suyo” (suum cuique tribuere) Pero el conflicto es que no siempre las personas están en la buena disposición a dar de buen gusto lo que deben a los demás; y ese alguien, tiene que ser una tercera persona, revestido de autoridad, que le obligue a hacerlo.

En las culturas primitivas la autoridad judicial estaba vinculada al poder religioso y militar, y esta concepción comenzó a cambiar cuando Roma elaboró el Código fundamental escrito en las célebres XII Tablas, terminando con la arbitrariedad. Esta primera legislación escrita (recopilación de usos y costumbres) por los romanos está fecha entre los años 449-451, y es considerada como la primera referencia jurídica de Roma. Su contenido se basa en: El proceso; La familia; y la herencia; Negocios y propiedad; Las relaciones de vecindad; Los delitos; Preceptos al proceso penal; El “ius sacrum”; y Agrupación de preceptos de carácter heterogéneo. Y la importancia de esta Ley de las XII Tablas es que representa una limitación de la venganza privada, aunque fuera por la Ley de Talión; crea una clara separación entre religión y el derecho, en virtud de la cual el Estado es el único para impartir justicia y aplicar las penas; y por último separa los delitos en públicos y privados.

Al postulado de los juristas romanos de: dar a cada uno su derecho, o sea, lo suyo, se añadieron dos principios más: vivir honestamente (honeste vivere) y no dañar a los demás (alterum non laedere), constituyendo el objetivo esencial del derecho. El legado de Roma a este respecto fue decisivo, ya que vinculó las ideas de derecho y de justicia y trazó una definición de ésta en: dar a cada uno lo suyo, que transmitió a otras culturas, como la nuestra.

En el cristianismo la Biblia siendo un libro sagrado, es además un tratado de Criminología ya que presenta normas de prevención del delito, de política criminal o de enjuiciamiento criminal. Esta parte de la premisa: “La Justicia y el Derecho son pilares en toda convivencia humana”. Y dentro de sus Códigos el más importante es el Decálogo (Éxodo 20) donde se definen los diez mandamientos.
Pues bien, la doctrina cristiana abordó el tema de la justicia recogido en la Biblia(una colección de 73 libros divididos en dos grupos el Antiguo Testamento y el Nuevo, y en especial en éste último en cuyo pensamiento ensalza la importancia de la ternura a la humanidad y de la justicia. El postulado de raíz evangélica (recordado por el Papa Juan Pablo II) proclama que no es suficiente con la justicia, sino también la necesidad que tiene la sociedad universal de tener una civilización del amor.
Y desde este principio, se ha elaborado una doctrina filosófica-jurídica de la justicia, a la que contribuyeron de manera excepcional Santo Tomás de Aquino, Santo Tomás Moro, y San Agustín; influyendo el pensamiento del primero en la Universidad de Salamanca desde el siglo XVI; siendo los puntos primordiales del Tomismo los siguientes:
•  Adopta como idea fundamental de la justicia la norma moral, “de dar a cada uno lo suyo”, formulada por Ulpiano.
•  Recoge esencialmente la clasificación de la justicia, distinguiendo entre la justicia general o legal que se refiere a lo que es debido a la comunidad y fundamenta la potestad ordenadora de la actividad de las personas hacia el bien común; y una justicia particular que versa sobre lo que es debido a cada persona. Esta última se divide en: justicia distributiva (lo que la comunidad debe a cada persona, referida a la partición en los bienes colectivos), y justicia conmutativa (lo que cada persona debe a otra)
•  Evidencia la íntima relación existente entre las ideas de comunidad, ley, bien común y justicia. La justicia es el principio superior a que debe atenerse la ley positiva emanada de la autoridad social, y la finalidad de esta ley debe ser el bien común.
•  Y esclarece la relación que media entre justicia, ley natural y ley divina.

Una vez expuestas las diferentes concepciones de la justicia y las especies de la misma, vamos a intentar construir el concepto, tarea enmarañada. Comenzamos por constatar que en esta materia se da dentro de la doctrina una notable paradoja. De un lado, por dispares que sean las concepciones sobre la justicia y las nociones múltiples que de la misma se han dado, hay entre las mismas una sustancial coincidencia pues en el fondo, en todas ellas están presentes, de un modo u otro, las ideas de armonía, igualdad, proporcionalidad, equilibrio, identidad, etc., que hasta pictóricamente se hacen patentes en esa universal representación de la justicia como una figura femenina que tiene vendados sus ojos y es portadora de una balanza, símbolo del equilibrio y la igualdad . Pero atención, esta alegoría  no es sinónimo de simetría.

 La definición clásica, universalmente aceptada de entender la justicia como lo aludido anteriormente: “dar a cada uno lo suyo”, contiene asimismo esas ideas de armonía e igualdad. Pero, de otra parte, el hecho es que, pese a esas concordancias, pocos problemas han suscitado mayores polémicas que el de la justicia, ni cuentan con mayor número de opiniones dispares; y es bien sabido que las personas y las ideologías, pretendiendo todas ser sinceramente justas llegan en cambio a soluciones prácticas muy distanciadas a la hora de determinar lo que es justo y lo que es injusto. Ahora viene la pregunta: ¿cómo podemos explicar esos dos hechos, aparentemente contradictorios?

Partiendo de la definición más simple y completa: “justicia es dar a cada uno lo suyo”, o sea, a cada uno lo que le corresponde. La coincidencia en la aceptación de esta definición no tiene nada de particular puesto que se trata de una definición formal y que, por tanto, no dice mucho, solo empezará a tener sentido cuando reciba un contenido, es decir, cuando se pretenda concretar qué es lo suyo de cada uno y es entonces el momento en que comienzan a surgir las discrepancias.

Pensamos que, la función de dar contenido a lo suyo debe realizarse desde el concepto de persona. La definición tradicional de Ulpiano habla de cada uno, pero esta expresión no puede referirse sino a la persona, ya que la justicia regula relaciones personales. Por lo tanto, quedaría como “dar a cada persona lo suyo” y, al no haber ninguna otra referencia, parece claro que lo suyo es lo que como tal le pertenece por el hecho de ser persona, de tal manera que, la definición quedaría de esta forma: justicia es dar a cada persona lo que como tal le corresponde. Y a partir de este razonamiento podremos concretar lo que es justo e injusto a través del estudio del concepto de persona.

La consideración de la persona como tal nos anuncia que es lo suyo, como ser: por ejemplo la libertad, por ello se considera injusta cuando se la coarta; la posesión también permanente de los bienes y de ahí la justicia de la propiedad y la injusticia de que le quiten lo suyo (robo, hurto, etc); la justicia de la dignidad de la persona y la injusticia que sus derechos como ser humano sean degradados, etc.
Continuando con el hilo histórico, las monarquías en la Edad Moderna, defensoras del poder absoluto, los reyes marginaron las ideas de justicia y derecho natural a favor de la norma positiva emanada de su autoridad, del monopolio soberano de impartir la justicia, de ser dueños de vidas y haciendas. Y con ello prepararon el camino del positivismo jurídico contemporáneo que proclama la neutralidad ética del derecho, establecido por el poder político.

Contra todos esos abusos aludidos el filósofo inglés John Locke fue el primero quién formulo su famosa división de poderes, y más tarde el francés Charles Louis de Secondat, barón de Montesquie, es quién lo divulga e influye en ponerlo en práctica separando los tres poderes: el legislativo (Parlamento), el ejecutivo (Gobierno), y el Judicial (Poder Judicial). Desde entonces se ha tratado de mantener este sistema de independencia de los jueces, muy particularmente los países verdaderamente con democracias plenas, otra cosa es que se haya logrado con las democracias maquilladas de puro formulismo teórico, que por cierto abundan por doquier.

Por lo tanto, cuando el Poder judicial es manipulado por los otros poderes políticos como son: el legislativo y el ejecutivo, esa garantía de independencia se quiebra en detrimento de la sociedad que la sufre, desde el mismo momento en que la justicia se mezcla con la política. Y es entonces cuando la acción de la justicia se consume en el torcimiento por falta de la imparcialidad.
Abril del 2016
Dr. José Carrasco y Ferrando
Abogado-Criminólogo